miércoles, 10 de enero de 2018

MIS RECUERDOS A ELENA LUCÍA CISTERNAS FRANULIC, LA MUJER DE BARQUERO.



Matrimonio civil de Efraín Barquero y Elena Cisternas Franulic en 1955 / Santiago de Chile /padrinos : Pablo Neruda y su esposa Matilde Urrutia / testigos : Mario Carvajal, Homero Arce y Ricardo el chofer de Neruda / testimonio : su propio libro “La compañera” que publicará al año siguiente. (foto extraída de la página oficial de Efraín Barquero)




Escribe Carlos Amador Marchant


Pasan años y no nos damos cuenta. Los rostros ya no son los mismos, los cuerpos se doblan, la voz se quiebra, emerge torpe, lenta, carrasposa. La vida, la misma que atesoramos en cuadernos y que cuidamos, a veces, se torna, sin sentido. Hace unos años, una mujer subiendo un cerro de Valparaíso, para ver con claridad los fuegos de artificios, cansada, gritaba: “tanto sacrificio: ¿y para qué?”.
Diecisiete años han pasado desde aquellos días en que dialogué con el poeta Efraín Barquero, en ese departamento de la calle Yerbas Buenas del puerto. Estar con él fue el deseo de etapas de juventud. En agosto de 2001 logré ingresar a ese sitio que habitaba transitoriamente.
Recuerdo haber sido recibido por su esposa, aquella mujer sencilla, de casa y cuyo rostro entregaba calidez desbordante. Elena Lucía Cisternas Franulic, sobrina de Lenka Franulic, Premio Nacional de Periodismo-1957, casada con el poeta desde el año 1955, cuando ambos eran veinteañeros. Ella se nos fue en la primavera del 2016, al mundo de los sin voz. Y como el poeta siempre fue quitado de bulla, esta información casi pasa desapercibida. Me entero, gracias a la investigación que hice por internet.
A Elena la recuerdo casi en silencio, más bien observando desde cerca, sin interrumpir el diálogo que yo mantenía con su esposo. La recuerdo, al mismo tiempo, regalándome un saquito con sus iniciales bordadas, y en cuyo interior, la fragancia a lavanda, danzaba.
Al casamiento de ella con el poeta en ciernes, asistieron como padrinos Neruda y su pareja. En realidad fue toda una vida de creación, de altibajos, de viajes, de cambios de domicilios, de historia.
Entonces cuando vi a Elena Lucía, me pareció observar esa historia. Estaba impregnada en sus ropajes.
El poeta en ese momento no lo pasaba bien. Había sido postergado en su intento por recibir el Premio Nacional de Literatura el año 2000. Mi proyecto de escribir algo nuevo sobre él no logró buen cometido al instante. Había llegado en mal momento. El escrito, si no mal diseñado, incurrió en improvisaciones y apresuramientos. Barquero, conocido por su escasez de diálogo, tampoco aportó mucho. Me pareció, en todo caso, haber recibido esa comprensión por parte de Elena Lucía, a quien agradezco desde mi escritorio, aunque no me escuche. Ese mismo escrito, transformado en el ensayo denominado “Barquero en el puerto”, fue premiado ese mismo año (2001) por el Gobierno Regional de Valparaíso.
El deseo de ambos habría sido regresar a Chile para quedarse. Pero retornaron, posteriormente, a Francia, país donde siguieron viviendo por largo tiempo junto a sus hijos. Al poeta, sin embargo, por fin le llegó su hora en 2008, momento en que este país olvidadizo de talentos, le otorga el Premio Nacional de Literatura.
Al instante de dialogar con Barquero en Valparaíso, éste tenía 69 años. En la actualidad carga 86 y sigue escribiendo.
Al paso de los años, como la muerte de Elena Lucía, surgen también otras sorpresas. Por ejemplo, nunca imaginé que un día, hace un par de años, el poeta chileno radicado en España, y quien se encuentra delicadísimo de salud, Oliver Welden, me obsequiaría textos de épocas de Efraín. Libros editados con tinta y papeles de la primera mitad del siglo 20, y que hoy cuido como tesoros.

La otra sorpresa es que el poeta ya no está en Francia, sino en Chile, desde hace unos cuatro años. Dicho desconocimiento público tiene que ver con los constantes silencios de Barquero.



Escrito en 11 de enero de 2018.

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"El mundo que hicimos, el mundo que queda por hacer, no tienen el mismo valor o significado. Se hilvanan distintos ojos. Pero la vida es una sola, conocida o no, y la acción de amarnos con chip reales, tendrá que ser prioridad de los nuevos tiempos."

Carlos Amador Marchant.-

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